El Astrónomo Errante

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Guía de Observación de Objetos Difusos de Cielo Profundo 3. Los Preparativos.

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La observación no sólo se hace en campo. Hay muchos factores que pueden dar al traste con una buena y placentera noche de observación. Por ello, debemos prepararla a conciencia. Revisar el equipo y planificar la observación se convierten en tareas fundamentales.

No olvidemos consultar las previsiones meteorológicas. Miremos tanto la posibilidad de nubes como de viento. Una noche completamente despejada y clara pero con mucho viento, hará vibrar el tubo, haciendo imposible la observación.

La humedad y el punto de rocío son también importantes  sobre todo si no tenemos medios para combatirlos.  Algunas noches hemos tenido que recoger el equipo literalmente chorreando, con todos los elementos ópticos sucios y sin conseguir ver ni una estrella.

Preparación del Equipo

Inspeccionar y ajustar el equipo antes y después de una sesión de observación nos evitará posibles sorpresas. Comprobemos que llevamos todo el equipo necesario y que se encuentra en perfectas condiciones.

Los poseedores de telescopios tipo Newton conviene que  revisen el colimado de las ópticas antes de cada observación tanto antes de salir de casa como una vez en campo ya que el espejo puede haberse descentrado con los movimientos del viaje. Un telescopio descolimado es un instrumento inútil.

Prestemos mucha atención a la limpieza del equipo, sobre todo de las ópticas. La mejor forma de limpiar una lente o espejo es no tener que hacerlo. Procuremos no tocar los elementos ópticos. Si aun así debemos limpiarlos, usemos una brocha de pelo suave con pera para quitar el polvo. Las encontraremos en las tiendas de fotografía. Para las manchas utilicemos un paño suave para limpiar las gafas, sin presionar, muy suave. Si es necesario, humedecerlo (no empaparlo) con una mezcla de agua destilada y alcohol isopropílico al 50%. Al pasar el paño debe quedar un ligero rastro que seque casi inmediatamente.

Revisemos los cables, tanto de alimentación como de los mandos de control. Suelen ser las partes más propensas a estropearse por un tirón accidental.

No nos olvidemos de recargar las baterías y de reponer las pilas agotadas. Llevemos baterías y pilas se repuesto. En invierno, debido al frío, el rendimiento de las baterías baja notablemente, llegando a durar menos un 25% del tiempo habitual.

Comprobemos con frecuencia los mandos y engranajes. Si es necesario, apliquemos aceite, grasa o vaselina según convenga. Centremos las coronas, apretemos los tornillos sueltos,… todo lo necesario para que nuestro equipo esté en la mejores condiciones posibles.

Planificar la Observación

Para toda sesión de observación debemos llevar preparada una relación con los objetos que vamos a observar. Realizar esta tarea en campo, sin una mesa ni medios adecuados y con poca luz, es incomodo. No disponemos de toda la documentación necesaria. Podríamos dar mil razones. Normalmente, esto nos lleva a perder mucho tiempo y a observar siempre los mismos objetos. Las noches despejadas en invierno escasean. No las malgastemos buscando qué podemos observar. Y las de verano… son demasiado cortas.  Hay que llevar el trabajo hecho de casa.

Para preparar esta lista primero debemos documentarnos. Nos haremos dos preguntas: qué parcela del cielo es visible la noche de la observación y qué objetos la pueblan.

Un planisferio o las cartas mensuales que habitualmente se publican en manuales y revistas nos servirán para contestar a la primera. Para la segunda, consultaremos cartas y guías. Más adelante dedicamos un apartado específico a los catálogos de objetos.
Dependiendo de nuestro lugar de observación, no todo el cielo estará disponible para realizar observación.  Los montes y los árboles elevarán el horizonte en algunos o muchos puntos. Las campanas de contaminación lumínica de poblaciones nos vetarán otros. Y si observamos desde el jardín pensaremos que por qué está la casa siempre donde se encuentra lo que queremos observar, aunque cada noche coloquemos el telescopio en una zona diferente. Nuestra lista debe tener en cuenta el horizonte real de nuestro lugar de observación. En muchas ocasiones esto no es tan problemático. Pensemos que nunca debemos observar un objeto por debajo de 10º de altura sobre el horizonte teórico. Por supuesto, ese no es el caso de los objetos que nunca suben por encima de ese valor.

Para la elección de los objetos pensemos que esto es una afición. Debemos disfrutar de la noche de observación. Por tanto, hagámosla fácil y divertida. No queremos pasarnos la noche intentando encontrar objetos que al final no eran observables. ¡Queremos ver algo! La observación de objetos en el límite de nuestro instrumental y/o lugar de observación también es gratificante. Pero mejor es dejar estos objetos para cuando tengamos más experiencia, intercalándolos con otros que sean más fácilmente visibles.

Elegiremos pocos objetos, como mucho de 4 a 6 por hora de observación. Esto nos da de 10 a 15 minutos por objeto. Debemos preguntarnos, ¿cuánto tiempo necesito para observar este objeto? También hemos de tener en cuenta cuanto tiempo necesito para localizarlo. Si no tenemos experiencia en la búsqueda de objetos, podemos tardar de 5 a 10 minutos en encontrarlo. Con unas noches de práctica, lo lograremos en menos de un minuto y no debiéramos tardar más de un par de minutos para objetos difíciles. Para observar detenidamente el objeto y registrar lo que vemos emplearemos un mínimo de 5 a 10 minutos. Si hacemos dibujos, añadiremos de 5 a 10 minutos más por objeto. Si además el objeto es muy extenso y/o tiene muchos detalles, este tiempo se multiplica. Una completa observación de la Nebulosa de Orión puede llevarnos de una a dos horas.

Adaptaremos la lista a nuestro instrumento. La cantidad de luz que es capaz de captar nuestro instrumento es función de la abertura del mismo. Para un 100 mm (4 pulgadas) la magnitud estelar límite que puede observarse es 12. En ningún caso debemos intentar observar objetos más débiles. Incluso nuestro límite debe quedarse bastante por debajo ya que los objetos de cielo profundo son extensos y su brillo superficial es aún menor. El poder separador o resolución también es función directa de la abertura. Por ejemplo, los cúmulos más compactos no pueden ser resueltos con aberturas pequeñas.

Empecemos pues con objetos fáciles y vistosos. Ya tendremos tiempo de aumentar el grado de dificultad según crezca nuestra experiencia. A diferencia de lo que ocurre con la observación planetaria, los objetos de cielo profundo siempre estarán ahí, esperándonos año tras año. No tengamos prisa. La observación debe ser pausada y paciente.

Centrémonos en una zona del cielo. Al principio, querremos observar los objetos más sobresalientes a los que tengamos acceso cada noche. Esto nos obliga a saltar de una punta a otra del firmamento y si no se está familiarizado con el mismo, se invierte mucho tiempo en identificar nuevas estrellas guía. Si nos centramos en una zona relativamente pequeña del cielo, solamente tendremos que buscarlas una vez. Una buena idea para empezar es observar los objetos de una constelación. Esto no es siempre posible dado que hay constelaciones muy extensas, pero como primera aproximación es muy válido.

Ordenemos la lista de forma que vayamos de un objeto al siguiente más próximo.  Ahorraremos tiempo ya que muchos objetos están próximos los unos a los otros y una vez localizado el primero resulta mucho más fácil localizar los demás.

En la relación de objetos podemos incluir:

  • Identificación (catálogo, número) y nombre común si lo posee.
  • Tipo de objeto.  Cúmulo, nebulosa, galaxia,…
  • Clasificación. No es necesario pero es da gran utilidad.
  • Constelación.
  • Magnitud visual y brillo superficial. Comparando ambos, tendremos el contraste.
  • Dimensiones.
  • Coordenadas. Solo es necesario si se emplean los círculos graduados de las monturas.
  • Carta celeste en la que encontraremos el objeto para localizarla rápidamente.

Es conveniente incluir la hora estimada de observación. Esto nos permitirá conocer si hemos acertado con los tiempos asignados, si es necesario ampliarlos o reducirlos. Tendremos en cuenta que el firmamento gira – la que gira es la Tierra – durante la noche. Al incluir la hora aproximada de observación podremos confirmar si los objetos elegidos están todavía sobre el horizonte. No sería la primera vez ni será la última que alguno de los objetos se perdiera por el horizonte. Para intentar evitar esto, podemos recorrer los objetos a observar de oeste a este.

El mejor momento para observar un objeto es cuando llega a su culminación, cuando alcanza su mayor altura sobre el horizonte. Esto minimiza la cantidad de atmósfera que deben cruzar los rayos de luz proveniente del objeto siendo menos perturbados por la absorción y la turbulencia atmosférica. La estimación horaria nos confirmará que el objeto se observa en las mejores condiciones.
Planificar la sesión de observación nos permite además conocer el firmamento. El simple hecho de recorrer las cartas y buscar las constelaciones y los objetos nos hace memorizarlos. Y si lo pensamos detenidamente ¿qué mejor manera de llenar de astronomía nuestras tardes y noches nubladas que planificando posibles sesiones de observación?

Cuando se adquiere algo de experiencia, las observaciones temáticas suelen resultar muy gratificantes. Dedicar una o varias noches a observar, por ejemplo, cúmulos globulares en Ophiuchus y Sagittarius nos permite compararlos y clasificarlos mejor. Esto supone “saltarnos”  intencionadamente otros objetos relevantes. No tiene mayor importancia. Otras noches podemos observar cúmulos abiertos o nebulosas en esta misma zona. En algunos casos no tendremos más remedio que hacerlo, como en el caso del Cúmulo de Galaxias de Virgo, para el que se necesitan unas cuantas noches de observación para recorrerlo completamente y con detenimiento.

Catálogos de Objetos

Los grandes astrónomos observacionales nos han dejado su legado en forma de catálogos. En ellos nos debemos basar para saber que objetos pueblan el firmamento.

El más conocido de todos entre los aficionados es el catálogo de Messier, si bien el más utilizado por el aficionado avanzado es el conjunto de catálogos NGC/IC.

Charles Messier recopiló un conjunto de objetos que no debían ser confundidos con cometas, que era realmente a lo que se dedicaba. En su primer catálogo, publicado en 1771, recopiló 45 objetos. En 1784, ayudado por su colaborador Pierre Méchain, aumento la lista a 103. Más tarde, otros siete objetos descubiertos por Méchain, se han añadido hasta completar los 110 objetos.
Contiene 39 galaxias, 29 cúmulos globulares, 27 cúmulos abiertos, 4 nebulosas planetarias, 3 objetos que no son tales: 1 estrella doble (M 40), 1 nube galáctica (M 24), 1 asterismo (M 73). También hay un objeto discutible, M 102, probable repetición de M 101, aunque actualmente muchos consideran que M 102 es la galaxia NGC 5866.

Messier utilizó un telescopio de 8 cm para sus observaciones. Esto nos indica que prácticamente todo el catálogo es visible con unos buenos prismáticos o un telescopio pequeño siempre que se trabaje desde sitios oscuros. Esto unido a la diversidad de objetos que posee, lo hace ideal para los principiantes.

Pero el catálogo de Messier es solo el principio. Es lógico pensar que, ya que Messier no buscaba objetos de cielo profundo, solo estén relacionados aquellos que a él le molestaban por confundirse con cometas. Solamente se incluyen objetos visibles desde la latitud de Paris, desde donde observaba Messier y faltan multitud de objetos tan brillantes o más que los más débiles de este catálogo. Para paliar este problema, han aparecido otros catálogos que completan o sustituyen al catálogo de Messier.

Uno de los más famosos es el catálogo de Caldwell, recopilado por Patrick Moore, que contiene 109 objetos complementarios. De ellos, solo unos 80 pueden ser vistos desde las latitudes de Madrid.

La siguiente lista podría ser la CGN (General Catalogo of Nebulae) recopilado por William Herschel y su hermana Caroline, con unos 5000 objetos. Hoy está en desuso, aunque se han realizado recopilaciones de 250, 400, 1000,… objetos de este catálogo que pueden servir como referencia.

El catálogo más ampliamente usado es el compuesto por las recopilaciones que realizó Jonh L. E. Dreyer, un compendio de todas las listas de objetos no estelares compilados por los observadores del siglo XIX que habían escudriñado el cielo. El New General Catalogue of Nebulae and Clusters of Stars (Nuevo Catálogo General de Nebulosas y Cúmulos Estelares ó NGC) apareció en 1888.
El NGC contiene 7,840 objetos de todas las clases, numerados en orden de ascensión recta del equinoccio de 1860.

Conforme se realizaban nuevos descubrimientos, Dreyer publicó dos suplementos del NGC en 1895 y 1908 a los que tituló Index Catalog (Catálogos Índices), abreviados como IC. Aumentaron el total a 13,226. Estos tres listados deberían considerarse como un solo trabajo. Incluyen casi todos los objetos telescópicos extendidos (no puntiformes) ubicados mas allá del sistema solar y que son visibles con telescopios de 20 a 30 cm, con ligera contaminación lumínica. Todos los objetos pueden verse de manera precisa con un telescopio de 30 cm desde un lugar de observación de primera clase. Muchos de ellos son visibles con pequeños telescopios.
En el catálogo NGC se describen los objetos mediante un código formado por abreviaturas en inglés que indican su apariencia, su brillo, sus estrellas, etc. Suelen aparecer en los catálogos y en programas de ordenador.

Por ejemplo, las descripción de NGC 2287 (M41) es: Cl, vL, B, lC, st 8...

  • Cl : cúmulo
  • vL : muy extenso
  • B : brillante
  • lC : poco comprimido
  • st 8... : estrellas desde mag. 8

Algunos aficionados (sobre todo de habla inglesa) utilizan también este método para realizar de forma rápida sus anotaciones a pie de telescopio.

Hay notables excepciones en el catálogo NGC, como el cúmulo abierto M 25 en Sagittarius, el cual a pesar de ser un objeto visible a simple vista no tuvo asignación por Dreyer hasta el segundo IC (IC 4725). Un bello gran cúmulo abierto para binoculares ubicado en Ophiuchus está ausente tanto del catálogo M como del NGC; Dreyer finalmente lo tabuló como IC 4665. Inexplicablemente, las Pléyades nunca recibieron número NGC ni IC.

Un catálogo que últimamente se está poniendo de moda es el catálogo Caldwell. Patrick Moore, conocido divulgador astronómico, confeccionó este catálogo como complemento al catálogo de Messier. Está compuesto por otros 109 objetos, aquellos que según él olvidó Messier. Estos 209 objetos debieran ser los primeros objetos que observara todo aficionado, por lo que cuando planifiquéis vuestras primeras observaciones incluid objetos de ambos catálogos, no os quedéis solo con los Messier.

Muchos otros catálogos han ido publicándose según se hacían nuevos descubrimientos, fundamentalmente por medios fotográficos. Algunos agrupan los objetos del mismo tipo.

Otros catálogos útiles para el observador aficionado son

  • Barnard (B). 370 nebulosas oscuras. Es muy interesante observar objetos que no brillan, sin luz o “en negativo”. Son sorprendentes.
  • Lynds Bright Nebulae (LBN). Nebulosas brillantes.
  • Lynds Dark Nebulae (LDN). Nebulosas obscuras.
  • Melotte (Mel). Cúmulos abiertos.
  • Trumpler (Tr). Cúmulos abiertos.
  • Principal Galaxias Catalog (PGC). Galaxias.
  • Sanguroo Astronomic Club (SAC). Recopilación de los mejores objetos de otros catálogos. Extensísimo. Para expertos.
  • Uppsala General Catalog of Galaxies (UGC). Catálogo General de Galaxias de Uppsala.
  • Galactic Planetary Nebulae (PNG). Nebulosas planetarias.
  • Abell. Cúmulos de galaxias.

Otros complementos

En una sesión no todo es observación. Muchas veces se nos olvida que hay otras cosas que no son solo el telescopio y sus accesorios. También hay que estar cómodos, comer y beber y llevar la ropa adecuada.

No nos olvidemos nunca la ropa de abrigo. Incluso en verano hay que llevar algo. Si se pasa frío, aunque sea solo un poco, la noche de observación se convierte en un tormento.

Tampoco sería la primera vez que algunos nos dejáramos la cena en casa. Muchas veces estamos tan entusiasmados preparando el equipo que se nos olvida nuestra propia subsistencia. Acompañemos nuestras veladas con algo de comer y beber. Usemos alimentos energéticos (chocolate, galletas, fruta) y si queremos picar algo mientras observamos que no sean grasientos (patatas fritas) o acabaremos pringando todo nuestro equipo. Recordad llevar servilletas. Para beber, un termo con caldo, cacao, café o té nos reconfortará en invierno. El alcohol no es buen acompañante pues perjudica a la visión notablemente y todos los demás sentidos. Lo mejor, agua.

Otras cosas que se nos suelen olvidar son la mesa, la silla y otros complementos que no echamos de menos hasta que es demasiado tarde. Por ejemplo, un repelente de mosquitos.

Lo mejor es realizar una lista con todo lo necesario, por mínimo que parezca. Repasándola no olvidaremos nada en casa al partir ni en el lugar de observación al recoger.

La revisión de nuestro vehículo es otro punto importante. La batería debe estar en perfectas condiciones sobre todo si vamos a conectar a ella nuestro equipo. En invierno nos será difícil arrancar el vehículo por el frío y si la batería está baja puede que no lo consigamos.

La vuelta a casa es el último paso de nuestra observación. Si sentimos sueño, lo mejor es parar a dormir un rato. Sería bueno tener  a mano una manta de viaje para taparnos.


 
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