El Astrónomo Errante

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Guía de Observación de Objetos Difusos de Cielo Profundo 6. Registro de Observaciones.

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Una vez hayamos realizado nuestras primeras observaciones caeremos en la cuenta de que es no sólo adecuado sino imprescindible llevar un registro de las observaciones realizadas. Existen múltiples razones para registrar las observaciones. La fundamental es que nos permite recordar los objetos que se han observado. Esto puede tener un alto valor sentimental cuando cojamos nuestros viejos cuadernos de observación y los repasemos. Incluso puede ayudar a otros compañeros en sus observaciones. Pero sin duda la mejor razón para ello es que nos permite avanzar.

Si no realizamos el registro, nunca sabremos si un objeto determinado lo hemos observado anteriormente y, si lo hemos hecho, tampoco sabremos en qué condiciones y con qué instrumento. Repasando los registros podremos incluir objetos nuevos, desechar aquellos que hemos visto muchas veces o no presentan mayor interés, volver a acometer las observaciones que se realizaron en condiciones deficientes o que nos maravillaron,… En definitiva, realizar el registro de las observaciones nos permite progresar.

El tomar unas cuantas notas de lo que vemos también nos incita a observar mejor, con más cuidado y a ver más. Las primeras anotaciones reflejarán una impresión general, es grande / pequeño, luminoso / débil, contrastado / difuso,… esos comentarios que todos hacemos y seguimos oyendo de nuestros compañeros menos experimentados a los que les enseñamos los objetos por nuestro telescopio. Más adelante nos fijaremos en los detalles para poder describirlos, y en seguida pasaremos a permanecer sobre el ocular unos cuantos minutos para captar mejor esos mismos detalles y describirlos con más exactitud.  Incluso realizaremos comparaciones con otros objetos que hayamos observado en la misma sesión de observación y cuando nuestro nivel se acerque a “experto” haremos las comparaciones con observaciones anteriores del mismo o de otros objetos.

El registro

A mi me gusta distinguir dos tipos datos a registrar. Por un lado tenemos los datos concernientes a las condiciones de observación para el lugar y el momento en el que se realizan. Por otro, tenemos las observaciones de cada uno de los objetos de dicha sesión de observación.

Para todo un conjunto de observaciones de una noche no nos olvidemos de apuntar la fecha, el lugar de observación, la hora de inicio, el equipo usado y la calidad del cielo (visibilidad, nubes,…). Si las condiciones de observación cambiasen durante la noche se anotará la hora estos cambios y sus nuevos valores.

Para todos los objetos de cielo profundo de deben anotar una serie de datos comunes y para cada tipo en particular otros tantos propios del mismo. En general, para cada objeto basta apuntar su identificación, una descripción de lo que se ve todo lo simple o compleja que se quiera y la hora a la que se termina de observar el objeto (la hora de inicio nos la da el final del objeto anterior).
En el cuadro adjunto tenéis una guía de qué apuntar para todos los objetos en general y para cada tipo en particular. Esta no es solamente una guía de anotaciones sino que además nos sirve de guía de observación, indicándonos en qué debemos poner nuestra atención al observar los objetos de cielo profundo.

Otros datos interesantes a apuntar son por ejemplo cómo hemos encontrado el objeto (estrella de referencia, camino seguido, es fácil o difícil de encontrar), el tiempo que has tardado en buscarlo, describir el campo alrededor del objeto, como varía la visión con los distintos oculares, se aprecia mejoría al utilizar visión lateral, se mejora o empeora al usar diferentes filtros y en general cualquier cosa que se nos ocurra.

Apuntemos lo que veamos, por raro que parezca. Procuremos no inventar ni dejarnos influir por lo que vemos en las fotos. Estas son una buena referencia para intentar observar algo que sí se ve en la foto y que no percibimos a primera vista. Pero tendremos mucho cuidado y deberemos estar seguros de que observamos un detalle particular antes de anotarlo, y si no estamos seguros de verlo, lo indicaremos.

En las primeras observaciones escribiremos “La galaxia es una pequeña macha blanca y casi redonda”. Con la práctica esas notas se convertirán en “Una débil mancha blanquecina y ovalada con eje mayor en dirección SSE-NNW, marca el centro de la galaxia y ocupando la mitad del tamaño aparente de la misma. Hacia el noreste se aprecia con visión lateral lo que parece ser un brazo espiral…”. Cuando esto ocurra ya sabréis que habeis alcanzado un buen nivel como observadores. No os concentréis en darle forma literaria. Es mejor darle más valor científico aportando exactitud a lo que anotéis. Lo anterior se puede escribir también como “Eje mayor inclinado aprox. 20º hacia el W. Núcleo de la mitad del tamaño de la galaxia. Con visión lateral, brazo espiral al NE poco definido”. Como podéis ver el contenido es el mismo.

Algunos observadores usan abreviaturas para describir lo que ven, al modo en que lo hacía Dreyer en sus catálogos NGC e IC. A mi me resulta complicado recordar las abreviaturas y solo uso una frecuentemente (VL, visión lateral). Si usáis partes de observación, no debéis usar abreviaturas, a no ser que estas estén normalizadas, ya que otros observadores no los entenderán.

El formato

Existen varias formas de realizar el registro. Pero recordad: lo importante no es la forma sino el contenido.

Un simple cuaderno bastará. Si se piensa dibujar, es mejor que no tenga cuadrícula. Para mí, son preferibles los cuadernos tipo cuartilla (A5) ya que no son ni demasiado pequeños ni demasiado grandes.

No uséis hojas sueltas. Si no las archiváis inmediatamente lo más probable es que terminen desordenadas, estropeadas o extraviadas.

Los formularios o partes de observación tienen la ventaja de tener impreso todo lo que se debe anotar. Así no se nos olvida nada. El inconveniente es que son muy rígidos y muchas veces se quedan medio vacíos al no disponer de todos los datos en el momento de la observación y no rellenarse posteriormente. También está el inconveniente de ser “hojas sueltas”. De todas formas, es la única manera de registrar observaciones de varios autores de manera uniforme y organizada.

Una grabadora de bolsillo (de cintas o las modernas digitales MP3) es realmente útil, ya que no tenemos que dejar de mirar por el ocular para registrar lo que vemos. El inconveniente es que debemos transcribir su contenido o el registro no servirá para su propósito. Muchas veces no disponemos del tiempo necesario.

Yo he utilizado varios métodos. Empecé con la grabadora que es el método que más me gusta, pero no tenía tiempo de transcribir las cintas y me pasé al cuaderno. Cuando hacía los planes de observación y revisaba los objetos observados entonces me tenía que recorrer los cuadernos una y otra vez. Entonces me pasé a los partes de observación, que guardo junto con las cartas que tengo de cada objeto observado. Como veis es cuestión de gustos, disponibilidad de tiempo, comodidad,…

Mis registros

El dibujo

Es una buena práctica realizar un pequeño dibujo. El registro es mucho más plástico y es infinitamente más sencillo de hacer que tomar una fotografía astronómica. No es necesario que sea una obra de arte. Un simple bosquejo del objeto que incluya el campo de estrellas es suficiente. No olvidemos orientar el dibujo indicando el norte y el este, por ejemplo.

Usemos siempre que sea posible, el mismo ocular para realizar los dibujos y realicémoslos sobre círculos siempre del mismo tamaño. Entre 6 y 8 cm. es un buen tamaño. Así estos estarán todos a la misma escala y nos valdrá para futuras comparaciones de distintas observaciones del mismo o de diferentes objetos.

Si hemos realizado observaciones con varios aumentos, indicaremos con que ocular hemos realizado el dibujo, aunque este incluya detalles observados a mayores aumentos, lo que también es conveniente.
Lo mejor es realizar diferentes dibujos para cada uno de los aumentos (oculares) usados.

Kiminori Ikebe. Nebulosa Trífida M20.

Mediciones

No todo lo que podemos hacer en la observación de objetos de cielo profundo es contemplar los objetos y disfrutar de las maravillosas estampas que nos ofrecen. Realizar “turismo astronómico” está bien y todos lo solemos hacer por puro placer. En definitiva esta es nuestra afición que, por supuesto, realizamos por puro disfrute y diversión. Completarlo tomando notas y registrando las observaciones es el siguiente paso.

Pero además tenemos la oportunidad de hacer algo de ciencia, tomando unas mediciones básicas de los objetos que estamos observando. Estas son básicamente tres: la posición y orientación del objeto, el tamaño del objeto y de sus diferentes partes y el brillo o magnitud tanto global como superficial. Se pueden añadir otras medidas dependiendo del tipo de objeto observado.
Muchos os preguntareis para qué vamos a realizar estas medidas si las podemos encontrar en los diferentes catálogos. Si comparamos diferentes fuentes de información nos percataremos de que estos datos difieren. Incluso en un catálogo tan conocido como el Messier es prácticamente imposible encontrar dos tablas con los datos completamente iguales (y si son iguales probablemente sean copia). Por ello, los datos que encontrareis en los libros no deben tomarse como exactos.
La razón fundamental de estas discrepancias es que todas las medidas dependen del instrumento utilizado, de las condiciones ambientales del lugar de observación en el instante en que se realizan y de la pericia del observador.

La Nebulosa de Orión. Foto de Ricardo Guerrero.

Pongamos un ejemplo. Realizaremos las medidas de la Nebulosa de Orión. ¿Cuáles son sus coordenadas? Para ello debiéramos primero determinar cuál es su centro. Podemos enclavarlo en el centro de las cuatro estrellas que forman el Trapecio. Esto puede parecer bastante arbitrario ya que está más cerca del límite norte de la nebulosa que del sur. Entonces, tomemos un punto más al sur, pero cuál. ¿El centro geométrico de la superficie delimitada por la nebulosa? Los límites en la zona sur son difusos. Cuanta más abertura tenga nuestro instrumento más nebulosa veremos y si usamos filtros también cambiarán. Si nos basamos en fotografías entonces dependerá de la exposición dada a la toma.

Como vemos, el calificador “difuso” que aplicamos a estos objetos de cielo profundo cobra ahora todo su sentido. Es muy difícil o incluso imposible determinar los límites de muchos de estos objetos.

Entonces, volviendo a la pregunta inicial, ¿por qué realizar las medidas si son tan subjetivas? Precisamente por eso, porque son subjetivas, porque así podremos compararlas con las de otro día, instrumento y/o observador.

De esta forma podremos realizar un catálogo en el que se indiquen qué objetos son visibles con qué telescopios en qué condiciones y qué se espera ver.

Conclusiones

La conclusión principal es que el registro de observaciones nos permite progresar, porque nos “obliga” a observar mejor y con más detenimiento si queremos hacer un buen registro y porque sabiendo lo que hemos observado podemos seleccionar los mismos objetos y/o añadir  nuevos a nuestros planes de observación.

Como todo en esta vida, los registros mejoran con la práctica. No nos preocupemos mucho de su valor literario, sino de su valor científico, de la exactitud, aunque solo sea de un par de anotaciones. Debemos tener paciencia y tomarnos nuestro tiempo. Sea como fuere, registrad vuestras observaciones, aunque solo sea una simple lista de los objetos que habeis observado cada noche. No os arrepentiréis.


 
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